Todo surgió un día en el que decidí dar un cambio radical en mi vida. Sí lo que llaman tirarse a la piscina (y en pelota picada). Y sí, se puede a los 30ytantos dejar un trabajo fijo en una empresa estable y solvente que te está amargando la vida provocándote síntomas psicosomáticos de los más rebuscados para arriesgarte haciendo aquello que te hace feliz aunque sea muy pero que muy inestable y, porque no decirlo, un poco loco.

Y llegó un día en el que dije SÍ voy a buscar un local en Barcelona . Voy a abrir un taller de pintura y grabado para enseñar a la gente todo lo que he aprendido durante tantos años. Voy a ser generosa y honesta y les voy a enseñar todo lo que sé (no me voy a guardar técnicas ni trucos en la manga), todo lo que me enseñaron mis profesores y lo que aprendí por mi cuenta durante tantas horas de experimentación y pruebas, frustraciones y alegrías.

Encontré un local hecho polvo pero con mucha historia y encanto en una de las zonas más antiguas (y menos caras) de la Ciutat Vella. En el Carrer Mirallers nº2 al lado de la famosa Carassa. Calle Mirallers, mirall significa espejo. Que romántico me pareció estar en un taller con arcos medievales donde antiguamente se realizaban manualmente los espejos…

Lo reformé, arreglé y decoré como hubiera decorado mi atellier si hubiera sido una artista de Montparnasse de los años 20. Un retrato de Louise Brooks presidió la sala principal durante todo el tiempo que estuve allí y , aunque recibí varias ofertas nunca lo vendí. Ahora sigue conmigo en mi taller de Castellón, recordándome todas las historias que han hecho que Laura Sánchez de Mora (yo) se convirtiera en Chezlalá.

Gracias al boca a boca y al Facebook el taller se fue llenando de gente estupenda que contribuyó a que pudiera evolucionar como formadora en arte y que creciera como persona y como artista.

Me lancé a la piscina sí, tenía miedo sí, pero era tan grande la fuerza que de mí tiraba que , como si oyera el canto de las sirenas, me lancé y acabé nadando en un  mar onírico donde cada día descubría un pez de colores nuevo, único e irrepetible.

En esta vida hay que ser valiente, hay que apostar por tus sueños, por vivir una vida más adecuada a tu naturaleza. A no acostumbrarte al color gris si no te gusta y a negarte a nadar siempre contra corriente.

Pero la vida es caprichosa y difícil y puso en mi vida en Barcelona unos escollos que hicieron replantearme mi estancia en la ciudad (esta es otra no breve sino larga historia). Decidí meter en la furgoneta más grande que encontré todas mis obras, mis muebles, mis herramientas de trabajo, materiales, y mis recuerdos, mis emociones, mis lágrimas y mis risas,…y hacer un réplica en un local de Castellón en la calle Mealla, una de las más antiguas y bonitas de la ciudad.

Y aquí estoy ahora con mis sueños intactos. Con ganas de que la gente conozca mi espacio, un espacio en el que cada una de las cosas que residen en él vienen cargadas de historias que contar. Y abrir las puertas del mismo para que la gente de mi ciudad pueda disfrutar tanto como yo de todas las técnicas y procesos artísticos que traigo de una ciudad como Barcelona. Ciudad que te llama hacia sus paredes de piedras medievales y prometiendo contarte un secreto te atrapa para siempre aunque estés lejos.

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